¿Por qué la Menorá es el símbolo principal de Janucá?

12/Dic/2025

Aish Latino- por Rav Meir Bier

Januca comienza el próximo domingo 14 de diciembre, a la salida de la primera estrella. La menorá —el candelabro con múltiples brazos que se enciende durante Janucá— representa la dedicación y el compromiso del pueblo judío con su fe y tradiciones. Aunque la historia de Janucá incluye una victoria militar y un milagro de aceite, la menorá simboliza esa devoción profunda y la luz espiritual que perdura, recordando la perseverancia frente a la opresión.

Usada como el sello del estado de Israel, la menorá es un ícono del pueblo judío. Encender la menorá es el ritual principal de la festividad de Janucá. Sin embargo, al profundizar en la historia de Janucá, la festividad parece centrarse más en una milagrosa victoria militar que en el milagro del aceite. El pueblo judío fue forzado a abandonar su religión por el gobernante helénico Antíoco IV, y una revuelta exitosa liderada por los macabeos resultó en su independencia política y el fin de la persecución religiosa. Tras el éxito de esta campaña, el pueblo judío reinauguró el Templo, que había sido profanado por los griegos. Aunque solo se encontró un pequeño frasco de aceite, que era suficiente para encender la menorá durante un día, esta cantidad milagrosamente ardió durante ocho días hasta que se pudo conseguir más aceite.

El milagro del aceite se recuerda mediante el encendido de la menorá, pero parece prestarse poca atención al milagro de un pequeño grupo de rebeldes inexpertos que lograron derrocar a una dictadura poderosa y bien organizada.

Un análisis más profundo del mensaje del milagro del aceite sugiere una lección que explica el éxito de la campaña militar de los macabeos, y explica por qué la menorá es el verdadero símbolo de toda la historia de Janucá.

El ascenso griego, la respuesta de los macabeos

El gran comentarista del siglo XVI, Rav Yoel Sirkis (1561-1640)(1), escribe que el éxito de Antíoco al instituir decretos anti-judíos se debió al debilitamiento general del compromiso religioso entre la población judía. Los judíos descuidaban su compromiso con la tradición, lo que incluía matrimonios mixtos, no practicar la circuncisión y elegir estilos de vida depravados y libertinos. Rav Ionatan Eibshutz, importante rabino alemán del siglo XVIII y prolífico autor,(2) cita al historiador Josefo, quien escribió que grupos de judíos helenizados alentaban a los griegos a crear decretos contra el estudio de la Torá, la observancia del Shabat y la circuncisión.(3)

Combatir una cultura de indiferencia y apatía requiere enorme energía y pasión. Los macabeos lograron despertar el espíritu de su pueblo para reavivar su relación con Dios, comprometerse nuevamente con la Torá y derrocar a los gobernantes griegos. Con un compromiso ardiente, estaban dispuestos a sacrificarlo todo por su causa, emprendiendo una batalla aparentemente imposible de unos pocos contra los poderosos.

Encontramos un paralelo a esta devoción en los comienzos de la historia judía. El Midrash(4) relata una historia en la que un joven Abraham, que había estado difundiendo vigorosamente su sistema de creencia monoteísta, fue abordado por el gobernante de su país, Nimrod. Nimrod amenazó con matarlo si no renunciaba a sus creencias. Abraham se negó y Nimrod preparó un horno de fuego para arrojarlo.

La devoción de los Macabeos a su causa los definió como verdaderos portadores del legado de Abraham.

El hermano de Abraham, Jarán, observó el riesgo de vida de Abraham y pensó: “Probablemente me preguntarán si soy parte del movimiento de Abraham. Si Dios salva a Abraham, diré que estoy con él; pero si Abraham muere, juraré lealtad a Nimrod”.

Nimrod arrojó a Abraham al horno y Abraham fue salvado milagrosamente. Luego le preguntaron a Jarán de qué lado estaba, y respondió: “Estoy con Abraham”. Nimrod lo arrojó al fuego y Jarán se quemó vivo.

¿Por qué Dios salvó a Abraham y no a su hermano Jarán? La diferencia es clara: Abraham estaba verdaderamente dedicado a sus creencias y estaba dispuesto a dar su vida por su causa. Por ello, mereció la intervención divina que lo salvó. En contraste, Jarán abordó la confrontación de manera oportunista, eligiendo la ruta que parecía más ventajosa. Por ello, no mereció ayuda divina, porque solo estaba jugando a varias opciones, sin mostrar verdadero compromiso.(5)

La devoción de los macabeos a su causa los definió como verdaderos portadores del legado de Abraham y mereció su éxito milagroso al enfrentarse a un ejército muy superior.

La Menorá: símbolo de dedicación

La manera en que los macabeos volvieron a encender la menorá tras la rededicación del Templo también demostró su dedicación y pasión por la misión judía, sirviendo como ejemplo de sus cualidades esenciales. Este punto se ve en un detalle singular de la tradición del encendido de la menorá en Janucá, como veremos a continuación.

El Talmud(6) prescribe tres niveles para cumplir la mitzvá de encender la menorá en Janucá. La obligación básica se cumple si se enciende una sola vela en la casa. Una forma más óptima es que cada miembro de la familia encienda su propia vela. Finalmente, la mejor manera es que cada miembro de la familia encienda una menorá con el número de luces correspondiente a la noche de la festividad. Este último nivel es el modo en que comúnmente se observa la festividad actualmente.(7)

El Beit HaLevi, Rav Iosef Dov Soloveitchik,(8) se pregunta por qué los sabios instituyeron este sistema escalonado y no simplemente exigieron una sola manera de encender, especialmente cuando el método óptimo no es particularmente difícil. ¿Por qué no requerir simplemente que todos enciendan una menorá con un número ascendente de velas?

Él propone la siguiente idea. No existe un requisito mínimo para el grosor de las mechas que debían usarse en la menorá del Templo. Por lo tanto, cuando los macabeos rededicaron el Templo y solo encontraron un frasco de aceite que debía durar ocho días, podrían haber estirado el aceite usando mechas muy delgadas, obteniendo una llama pequeña y poco impresionante que aun así cumpliría técnicamente con la mitzvá. Sin embargo, el éxito de los macabeos fue resultado de pasión y dedicación, y una llama pequeña no habría sido suficiente para este grupo devoto. Al encender la menorá por primera vez desde que los griegos profanaron el Templo, lo hicieron de la mejor manera posible: con mechas gruesas que ardieron brillantemente, confiando en que Dios permitiría que la luz continuara hasta conseguir más aceite. Dios, reconociendo este compromiso, realizó un milagro y el aceite ardió durante ocho días.

Para recordar esta dedicación, los sabios crearon un sistema escalonado de encendido, de modo que nosotros también podamos encender “de la mejor manera posible”. Al establecer un método básico y otro ideal, al elegir la opción ideal cumplimos la mitzvá como los macabeos, con la máxima expresión de devoción.

La historia de los macabeos encendiendo la menorá es, en esencia, una extensión del sacrificio y compromiso de la campaña militar que ellos emprendieron. Encapsula quiénes eran y por qué triunfaron. Cuando encendemos nuestra menorá y elegimos realizar el acto de manera ejemplar, conmemoramos la devoción de estos individuos que guiaron a nuestro pueblo de la tiranía a la libertad. Esta devoción fue la esencia de los macabeos, y podemos rededicarnos a su espíritu interiorizando el mensaje de la menorá.

1 Baj, Oraj Jaim 670

2 Yaarot Devash, volumen 1, ensayo 8

3 Relatos similares se encuentran en Macabeos I

4 Bereshit Rabá 38:13

5 Esta explicación fue ofrecida por Rav Itzjak Kirzner z”l

6 Shabat 21b, Shulján Aruj, Oraj Jaim 671:2

7 La regla del Shulján Aruj 671:2 es que solo un miembro de la casa enciende una janukiá, y muchos sefardíes siguen esta opinión. Cabe destacar que el Shulján Aruj ni siquiera menciona los dos primeros niveles de encendido.

8 Kuntras sobre Janucá, impreso en Beit Halevi al HaTorá al final del libro de Bereshit